Pesca: Artículos, Notas, Historias y Reportajes

  La Vaguada - Flyfishing, Outdoors & Outfitters

   
 

 

 
     Origen y contacto: Un artículo exclusivo de la revista "Línea 4" para "La Vaguada - Flyfishing, Outdoors & Outfitters"
     Sitio Web: www.linea4.com.ar
 

     Nada puede representar más fina y acabadamente a la pesca con mosca que la esbelta e inconfundible silueta de un imago de efemeróptero.  Así, sin demasiados fundamentos ni un explícito convencionalismo, las “myflies” han venido a ser, en cualquier lado donde se lo practique, el símbolo viviente de nuestro deporte.  Empero no es el único y ni siquiera el más abundante insecto acuático que integra la dieta de los salmones, pero suele ser el primero al que hecha mano el “subconsciente entomológico” de un pescador con mosca.

     Tal vez esto ocurra, porque ellos –los efemerópteros- con sus formas de exquisitas mariposas, tiendan como ningún otro, ese puente estético entre el pez y el arte de tomarlo delicadamente.

 

ORIGENES Y GENERALIDADES

     Gran parte de los procesos más antiguos y repetidos de la naturaleza suelen causar sorpresa al hombre común que, estando frente a ellos, casi siempre no alcanza ni siquiera a sospecharlos.  

     Eso pasa con la maravillosa evolución (mutación) de los insectos acuáticos que desde el fondo de los tiempos vienen naciendo debajo del agua donde permanecen un largo período en estado larval, hasta que un día ascienden a la superficie y se transforman en hermosos y delicados insectos alados que como las mariposas, tienen un corto pero intenso período de vida adulta.   Tal vez el orden de los efemerópteros (del griego, literalmente, “alas que duran un solo día”) sea el más antiguo de todos los insectos alados, habiéndose descubierto orígenes fósiles en el período Carbonífero y Pérmico, pero ya en el Jurásico hubo especies similares a las actuales.  Sin embargo los científicos advierten que no se trata de “fósiles vivientes”, sino de individuos con una extraordinaria plasticidad que están en una de sus últimas fases de evolución.

     Lo cierto es que representan un modesto grupo que incluye unas dos mil especies, algo así como el 0,2% de todos los insectos conocidos.  Su distribución es prácticamente planetaria, solo faltan en algunas islas como Hawai y otras de la Polinesia.   A pesar de su vasta difusión y casi inexplicablemente para los insectos, que invariablemente muestran un gran mosaico de formas y colores, los efemerópteros (sobre todo adultos) se diferencian muy poco entre sí, al punto que a veces cuesta identificarlos a simple vista.

 

EL NACIMIENTO

     Su ámbito son las aguas y sus cercanías. Los huevos de los cuales nacen, son depositados en ellas y caen al fondo de los lechos donde quedan sólidamente adheridos debido a un revestimiento pegajoso que los cubre. Después de un desarrollo embrionario nacen unas pequeñísimas larvas llamadas “neánidos” desprovistas de apéndices respiratorios pero con dos cercos o colas. Es dificilísimo distinguir las diferentes especies en este estadío.

     Los “neánidos” producen varias mudas hasta que van adquiriendo un aspecto diferente y diferenciado según sea la especie.  Al lado del abdomen desarrollan las traqueo-branquias (con formas lanceoladas, plumosas, etc.) que por vascularización permiten el intercambio gaseoso y finalmente la respiración.  A esta altura de la evolución se agrega (en algunas especies) un tercer paracerco o cola en la zona media de los dos preexistentes.  El momento del cambio de estado de “neánido” a “ninfa” propiamente dicho, es extremadamente dificultoso de establecer.   A las ninfas de los efemerópteros, como a los de los plecópteros se les llama también “náyades” que en la mitología griega eran las ninfas que nadaban específicamente en los ríos. 

     Las muchas (de 20 a 40) y sucesivas mudas de las ninfas (que evolutivamente no es un estado estático como regularmente creemos los mosqueros) van perfilándola con segmentos meta toráxicos y esbozos alares (contenidos en estuches córneos), hasta alcanzar ese estado que finalmente las caracteriza.  Hay también períodos de “diapausa”, es decir en los que la ninfa no se modifica para nada.

 

CLASIFICACIÓN

    Contrariamente a la homogeneidad que presentan los adultos, las ninfas tienen sustanciales diferencias y se clasifican, según M. Grande, en cuatro grandes categorías según sus características y comportamientos: especies nadadoras, típicas de aguas estancadas ricas en vegetación sumergida. Sus colas o cercos, recubiertos de densas cerdas, le permiten moverse a “saltos” y a gran velocidad.

    Especies deslizantes, que viven en aguas estancadas y son pésimas nadadoras. Generalmente caminan y se “mimetizan” cubriéndose el cuerpo de detritos. Especies fitófilas o planas, que frecuentan los torrentes de montaña.  Se adaptan precisamente por su cuerpo muy aplanado y unos órganos de “anclaje” muy especiales, que les permiten meterse por los resquicios de las piedras en vez de nadar. Si son desprendidas por la corriente, esta las arrastran irremisiblemente.

     A la cuarta categoría pertenecen unas pocas especies escavadoras, que viven en sustratos limosos y arenosos donde, con sus poderosas mandíbulas excavan galerías tanto en el suelo como en las raíces de las plantas acuáticas.   A su vez la excelente guía de los norteamericanos Caucci y Nastasi (“Instant Myfly Identification Guide” – 1848) las clasifica en dos grupos:

  • Grupo I:  a) “Crawlers” (que reptan) y b) “Clingers” (que se adhieren).

  • Grupo II: a) “Swimmers” (nadadoras) y b) “Burrowers” (excavadoras), que en principio coinciden con los criterios de Grandi

     Muchas de estas ninfas de efemerópteros son fitófagas, o sea que se nutren de vegetales, principalmente de algas sumergidas, pero otras son decididamente fitosaprófagas es decir se alimentan de substancias detríticas de origen vegetal.  Su número en los cursos de agua es realmente elevado y tienen –como todos sabemos- un papel primordial en la dieta de los salmónidos.  Se calcula que en un metro cuadrado de superficie de fondo, de un torrente de montaña pueden convivir más de 600 individuos de este orden.  Esta cantidad está dada en principio para los ríos norteamericanos y algunos europeos.

     El biólogo Arnaldo Mangeaud, del Centro de Estudios Entomológicos de la Facultad de Ciencias Exacta, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, a quien solemos consultas frecuentemente, dice que la proporción para los ríos de montaña cordobeses es –aproximadamente- 200 ninfas de efemerópteros por metro cuadrado.  Los arroyos de Achala en cambio tienen más o menos 150 individuos en el mismo espacio y el río Los Espinillos, prolijamente relevado por Mangeaud hace unos años, cuenta con 400 ninfas de esa especie por metro cuadrado.  Esto lo atribuye a que este último curso, no tiene un régimen de torrente propiamente dicho

     Aquellas ninfas que suelen vivir en aguas mas o menos estancadas, necesitan de todas formas que ese ambiente esté bien oxigenado y que carezca de contaminación.  Todo este período ninfal, en términos medios, dura aproximadamente un año, pero en los extremos de los ciclos de desarrollo, algunas especies se toman 3 años y otras tienen dos generaciones en uno.

 

UNA FASE EXCLUSIVA

     Los efemerópteros tienen una característica única entre todos los demás insectos y es que entre la etapa ninfal y el adulto (imago) existe una fase alada denominada “sub-imago” que en la pesca con mosca se imita bajo en nombre de “Dun”.

     Los científicos lo llaman a este ciclo primitivo (o incompleto) de desarrollo, “paurometábolo”.   Así la metamorfosis (que los biólogos prefieren llamar adaptación) de la ninfa en sub-imago, se produce debido a un complejo mecanismo hormonal según la especie de que se trate.

 

     Básicamente este último proceso de transformación, llamado de “emergencia” o “eclosión”, se resume en el ascenso de la ninfa a la superficie y su salida al exterior del agua.  En la pesca con mosca este interesantísimo estado ha sido amplia y detalladamente descrito en el excelente libro “Emergers” de Richards y Swhisher.

     En las especies de aguas lentas o estancadas las ninfas maduras ascienden desde el fondo, merced a una burbuja de aire que se forma debajo de la cutícula que reviste su cuerpo. Una vez que han flotado por un breve tiempo y vencida la tensión superficial del agua, se produce una hendidura longitudinal en todo su cuerpo, por la cual aparece el “sub-imago” desplegando las alas y abandonando “la cáscara” (llamada exhuvia) sobre la que incluso flota por unos instantes.  

     En algunos casos (generalmente de aguas rápidas) esta emergencia tiene lugar cuando la ninfa trepa por la orillas donde después de secarse al aire libre, se produce la eclosión de la forma que vimos anteriormente.   Más raramente esta metamorfosis suele desarrollarse debajo de la superficie del agua, estando la ninfa “anclada” a algún objeto próximo a la superficie. Este “dun” o sub-imago así “nacido”, nada rápidamente hacia el exterior donde se seca las alas.

LOS HATCHES

     Tal vez el aspecto más “secreto” que todavía no ha podido desentrañarse científicamente, sea la extraordinaria sincronización con que se producen estas eclosiones, que en nuestro deporte se llaman “hatches”. Millones de ninfas, principalmente al atardecer, suelen eclosionar a la vez formando densísimos enjambres.

 

 

 

1) Ninfa de efemróptera

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2) Ninfa en el momento de mudar

     Los parámetros de este curioso fenómeno, se suponen que son el foto período, la temperatura del agua, la presión atmosférica y hasta la velocidad de las corrientes.

 

3) Adulto de efemeróptera

 
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4) Spinner

 

    Lo cierto es que no hay pescador con mosca que alguna vez no haya visto esta verdadera nube de “myflies” (mosca de Mayo) levantándose del agua “durante el hacht”.

     El sub-imago así aparecido se diferencia del imago o adulto por varias características.   Generalmente es más opaco que éste, tiene las patas mas cortas y un menor desarrollo de los ojos y los cercos o colas. La duración del estadío de “sub-imago” es directamente proporcional a la del “imago”.   Así, una vez que salió del agua, el “dun” vuela a un lugar seguro donde permanece inmóvil aferrado con sus patas especialmente dotadas hasta que produce la última y definitiva muda liberándose esta vez de una finísima cutícula que recubre todo su cuerpo (incluso las alas) y todo en él se hace más brillante o transparente.

     En este tiempo toda su anatomía se ha ido disponiendo para una única función: la de reproducción. Tanto es así que el resto de los órganos (por ejemplo los masticadores y digestivos) se han atrofiado casi por completo.

     El imago se ve imposibilitado de alimentarse y su canal digestivo se llena de aire transformándose en un órgano aerostático. El abdomen para esta época está totalmente ocupado por los órganos reproductores y en este estadío los científicos lo consideran casi como una “gónada volante”.

 

 

DANZAS NUPCIALES

     Sin poder alimentarse, toda su actividad se destina a buscar compañera y acoplarse. Comienzan entonces los fabulosos vuelos nupciales de los machos. El dimorfismo sexual casi no existe y la hembra se reconoce entre otros pequeños detalles por tener los ojos más chicos.   Con este propósito de fecundación, los machos se elevan sincronizada y frenéticamente en largos vuelos verticales, alcanzando a veces alturas notables. De pronto quedan paralizados en el aire y se dejan caer como un paracaídas para reiniciar el vuelo al cabo de segundos antes de tocar tierra.

     Las hembras algo apartadas empiezan a contagiarse con estas fantásticas circunvoluciones del enjambre y se deciden a atravesarlo volando, ocasión en que un macho vuela debajo de ella, la sostiene y pasa a fecundarla con sus gonostillas en el aire. Todo sucede con rapidez e inmediatamente después del acoplamiento, el macho se desploma y muere, mientras la hembra vive unas horas más para efectuar la oviposición.

    El comportamiento y desarrollo de algunas especies de alta montaña (como los Heptagénidos) es un poco diferente, pues los adultos (machos y hembras) viven varios días y aparecen a la hora del crepúsculo.

 

LA OVIPOSICIÓN

     La puesta de los huevos por parte de las hembras se realiza de varias formas según las especies.  Algunas dejan caer los huevos desde el aire y otras caen extenuadas al agua donde antes de morir los expulsan. Hay casos en los que la hembra se asienta en las proximidades de la orilla sobre piedras, ramas o tallos, sumerge el abdomen y efectúa la puesta.   Algunas hembras de “Baetis” adoptan formas realmente extrañas, como la de sumergirse totalmente debajo del agua (incluso por el lecho), para lo que pliegan sus alas formando una especie de campana neumática (como si fuera un buzo) hasta encontrar el lugar adecuado donde finalmente efectúan “la puesta”.

     Con los huevos firmemente adheridos al fondo, se inicia –como viene ocurriendo desde siglos- un nuevo ciclo que renueva la larga vida de los efemerópteros sobre la tierra, unos gráciles y hermosos insectos alados con forma de pequeñas mariposas, a los que no se les suele prestar demasiada atención, salvo que uno pesque con mosca y haya aprendido que la naturaleza es una única y fascinante “Caja de Pandora” donde se guarda toda la vida.

 

 

 
 

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